viernes, 29 de abril de 2016

El bombardeo que fundó la quimioterapia


Soldados equipados con máscaras antigás
 
 

El bombardeo que fundó

la quimioterapia



Durante la Segunda Guerra Mundial, ninguno de los bandos en conflicto llegó a desplegar armas químicas, aunque ello se debió más al temor a las represalias del enemigo que a cualquier otra cosa. Por ejemplo, los alemanes acumularon ingentes cantidades de organofosforados que nunca utilizaron, mientras que los aliados dispusieron de grandes reservas de sustancias como el gas mostaza. Por extraño que pueda parecer, un incidente relacionado con este último se convirtió, por una de esas curiosas carambolas del destino, en el acta fundacional de la quimioterapia contra las células cancerosas.
A principios de diciembre de 1943, el USS Liberty, un carguero americano repleto de explosivos y de gas mostaza, se encontraba en el puerto italiano de Bari junto con otros barcos que transportaban suministros a las tropas aliadas cuando en la tarde del día 3 un puñado de bombarderos alemanes atacaron por sorpresa, alcanzando al Liberty y haciéndolo explotar. Como consecuencia, se desprendió una nube de gas mostaza que envolvió todo el puerto, provocando el envenenamiento de un buen número de personas. Entre los presentes, se encontraba el doctor Cornelius Rhoads, un destacado investigador norteamericano en el campo de la anemia y de la leucemia que formaba parte de la División de Armas Químicas del Ejército de Estados Unidos y que participó en la tarea de prestar atención a los intoxicados.
Al analizar las células de la sangre de los afectados, a Rhoads le llamó la atención el hecho de que a los pocos días de la exposición al gas todos los tipos de glóbulos blancos quedaban prácticamente aniquilados, dando un recuento que se acercaba a cero, en tanto en cuanto el resto de las células y tejidos no parecían estar dañados. ¿No sería el gas mostaza un tóxico específico para los glóbulos blancos? De ser así, tal vez se pudiera estar frente a un tratamiento eficaz contra la leucemia, una enfermedad caracterizada por una producción excesiva de este tipo de células.
Puesto manos a la obra, el oncólogo norteamericano llevó a cabo una serie de ensayos clínicos secretos con la mecloretamina, un derivado de la mortal sustancia que utilizaban los militares. A los pocos meses, tanto él como otros colegas demostraron la eficacia del tratamiento con este fármaco en enfermos con linfoma de Hodgkin y otros tipos de leucemia. Era la primera vez en la historia de la medicina que un compuesto químico se mostraba efectivo para combatir el cáncer, de manera que cuando los resultados de los ensayos se hicieron públicos dieron lugar al comienzo del desarrollo de lo que más tarde sería conocido como quimioterapia.
Durante el resto de su vida, Rhoads se convirtió en una eminencia en la lucha contra el cáncer, siendo también un pionero de la radioterapia y acumulando honores y distinciones. Sin embargo, cierto incidente relacionado con varias cartas desafortunadas de tintes racistas que envió en 1931 mientras trabajaba en Puerto Rico dio lugar a una polémica que, con ciertos altibajos, le acompañó durante el resto de su vida. Aunque las investigaciones que se llevaron a cabo exoneraron al oncólogo de las sospechas de haber cometido crímenes durante sus tratamientos de aquella época, nada pudo evitar que la American Association for Cancer Research cambiase la denominación de un premio que llevaba su nombre.
Sin duda toda una mancha en la reputación del hombre que convirtió un oscuro bombardeo de la Segunda Guerra Mundial en el amanecer de una especialidad que ha salvado millones de vidas desde aquella lejana tarde de 1943.
¡Hasta pronto!