viernes, 28 de junio de 2013


Dicen que el mundo es plano

 
¿Pensáis que a estas alturas queda alguien que crea que la Tierra no es redonda? Pues sí. Según la información que proporciona su propia página web (*), en Agosto del año pasado la “Sociedad de la Tierra Plana”, con sede en Lancaster, California, contaba con 421 miembros en activo. Según ellos, nuestro planeta no tendría forma esférica, sino plana, con el centro en lo que llamamos el Polo Norte y los continentes alrededor. Además, estaría rodeado por un muro de hielo de unos 45 metros de altura que es lo que llamamos la Antártida.
 
Las creencias de este grupo desafían muchos de los conceptos aceptados por el común de los mortales. Según ellos, el Sol giraría alrededor de la Tierra y distaría tan solo unos pocos miles de kilómetros de ella, al igual que la Luna y las estrellas. Además, estos astros serían muy pequeños, del orden de tan solo unas decenas de kilómetros. Con respecto a las exploraciones llevadas a cabo durante siglos, la sociedad afirma que la humanidad está siendo objeto de uno de los mayores engaños de todos los tiempos. En este sentido, los viajes espaciales serían un montaje, al igual que las fotos de la Tierra tomadas desde el exterior. En cuanto a la Antártida, nunca habría sido cruzada en realidad, sino que los exploradores habrían recorrido simplemente un arco glacial dentro del cinturón que rodearía el planeta. La Tierra sería plana y sus dirigentes lo sabrían. La bandera de la ONU sería prueba de ello.

Aunque la idea original es tan vieja como el linaje humano, la moderna teoría de la tierra plana fue creada en el siglo XIX por un seguidor acérrimo de la interpretación literal de la Biblia, el inventor inglés Samuel Birley Rowbotham, quien después de unos experimentos mal realizados llego a la conclusión de que la ciencia estaba equivocada. Durante más de cien años la teoría se mantuvo más o menos en el candelero, en forma de sociedades cuyas actividades eran más propias de una secta. Finalmente, en 1956 el norteamericano Samuel Shenton creó la “International Flat Earth Society”, que bajo la batuta de su sucesor, Charles K. Johnson, llegó a tener más de 3000 miembros oficiales. Después de los años setenta su actividad decayó, siendo oficialmente relanzada a finales de 2009.
La sociedad acepta nuevos miembros desde hace más de 3 años, así que cuando queráis podéis afiliaros. Eso sí, debéis tener cuidado con vuestra reputación. En inglés, “flat-earther” significa algo así como “fanático obtuso anticientífico”, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que algunos de los panfletos publicados por esta sociedad se titulan: “Galileo era un mentiroso”, “El mundo es PLANO, y punto” o “La tierra no es una pelota; la gravedad no existe”. Eso sí, la página web de la organización da acceso a la mayor colección de literatura y otros recursos acerca de la teoría de la tierra plana que hay en el mundo.
¡Hasta la semana que viene!
(*) http://theflatearthsociety.org/cms/



martes, 18 de junio de 2013

 

La "Estela del Hambre"

 
Durante el V Congreso Internacional de Egiptología, celebrado en Octubre de 1988 en El Cairo, Joseph Davidovits, un reconocido científico francés especialista en química de geopolímeros, presentó un famoso y polémico trabajo según el cual la llamada “Estela del Hambre”, un antiguo texto jeroglífico grabado en una roca al norte de Assuan, en Egipto, mostraba el nombre de minerales y productos químicos utilizados por los antiguos egipcios para preparar una especie de cemento que utilizaban en sus construcciones de piedra.
Davidovits opina que para moldear, por ejemplo, muchos de los enormes bloques de las pirámides, los egipcios disolvían cierto tipo de piedra caliza con otros compuestos de calcio y natrón (*), que al evaporarse formaban una especie de arcilla húmeda con las características del cemento actual. Además de llevar una década experimentando con cierto éxito en su laboratorio con materiales similares, el francés argumentaba en su ponencia que la “Estela del Hambre” estaba mal traducida, conteniendo evidencias de que los egipcios conocían métodos de procesar los minerales con ciertos compuestos químicos.
 Descubierta en 1889, la “Estela del Hambre” fue grabada en época ptolemaica (alrededor del 200 a.c.), pero hace referencia a sucesos supuestamente acaecidos durante el decimoctavo año del reinado del faraón Djoser, hacia 2,670 a.c. En ella se narra cómo, afligido por la terrible hambruna que azota el país, Djoser habla con su consejero, el enigmático Imhotep, quien le recomienda restablecer el culto del dios Knhum en la isla Elefantina. El texto, complejo de leer, incluye una descripción de los minerales y piedras preciosas que se podían encontrar en la zona, así como un sueño durante el cual el dios se aparece a Djoser, prometiéndole, entre otras cosas, proporcionarle los materiales necesarios para seguir construyendo y reparando templos.

Para ilustrar la polémica, mostramos a continuación el pasaje donde se detallan los minerales, según la traducción al inglés que hizo Lichtheim en 1973 (los minerales identificados aparecen con su nombre en castellano, mientras que los no identificados están en egipcio, en el original. Recordad que los egipcios no escribían las vocales):
 
“Aprende los nombres de las piedras que se encuentran allí en la frontera: ... bhn, mthy, mhtbtb, r’gs, wtsy, prdn, tsy. Aprende los nombres de las piedras preciosas de las canteras que están en la región superior:... oro, cobre, hierro, lapislázuli, turquesa, thnt, jaspe rojo, k’, mnw, esmeralda, tm-ikr, nsmt, t-mhy, hmgt, ibht, bks-’nh, maquillaje verde, maquillaje negro, cornalina, shrt, mm y ocre,...”
 
Davidovits opina que, por ejemplo, “mthy” puede traducirse como “granito muerto” (una forma de granito desagregado), “wtsy” como “piedra que huele a cebolla” (un reactivo químico), “k´” como “piedra que huele a rábano” (otro reactivo), “tm-ikr” como “piedra que huele a ajo” (un tercer reactivo), y que en otras partes del texto la palabra “ari-kat”  debe traducirse como “manufacturar”, en lugar de “trabajar”, que la expresión "rwdt uteshui" significa "piedras agregadas" y que un determinado ideograma debe ser identificado con “producto reactivo”.
 
¡Fascinante!, ¿verdad? Sin embargo, aunque algunos investigadores apoyan las tesis del francés, la mayoría no lo hacen, sobre la base de que la composición de los bloques utilizados en las pirámides presenta muchas diferencias con respecto a los materiales hasta ahora fabricados por el equipo de Davidovits, mientras que es perfectamente consistente con la piedra de origen natural. Además, y con respecto a la “Estela del Hambre”, argumentan que Davidovits fuerza una interpretación muy discutible de los jeroglíficos, valiéndose, entre otras cosas, de la dificultad de identificar muchos de los materiales mencionados en el texto.
 
¡Hasta la semana que viene!
 
(*) El natrón es una mezcla natural de carbonato de sodio hidratado y bicarbonato, con pequeñas cantidades de otras sales. Fue profusamente utilizado por los egipcios, en particular en el tratamiento de los cadáveres.

jueves, 6 de junio de 2013

Equipo expedicionario de Marsh en 1870. Marsh es el del centro, con barba.

A tortas por los dinosaurios


Edward Drinker Cope (1840-1897) y Othniel Charles Marsh (1831-1899) fueron dos extraordinarios naturalistas. Pero también dos auténticos desaprensivos. En la segunda mitad del siglo XIX, llevaron su profunda animadversión personal al extremo de desencadenar una auténtica guerra que duró más de 30 años y que tuvo graves consecuencias para el desarrollo de la paleontología.
Su trayectoria profesional está íntimamente ligada a la “edad de oro” de dicha disciplina,  una época en la que en los Estados Unidos  se descubrieron y catalogaron la mayoría de las familias de dinosaurio conocidas, incluyendo los famosos Estegosaurio, Brontosaurio (ahora llamado Apatosaurio) y Alosaurio. Cope y Marsh tuvieron mucho que ver en este esfuerzo, ya que entre los dos catalogaron 136 especies de  dinosaurio, una cifra impresionante si tenemos en cuenta que con anterioridad  a su particular disputa se conocían menos de 10.
 
El problema es que ambos eruditos se odiaban terriblemente, entregándose a interminables peleas con objeto de desprestigiarse mutuamente. En su afán por superar y ningunear al contrario, no solamente criticaban ferozmente la calidad de los trabajos de su rival sino que intentaban entorpecerlos por todos los medios, incluyendo el robo, el soborno y la destrucción de materiales de gran valor científico. Por ejemplo, si uno de los dos se enteraba de que el otro estaba recibiendo materiales de un yacimiento, inmediatamente interfería enviando agentes que intentaban comprar a los trabajadores para su causa y no les importaba acumular huesos que no tenían tiempo de estudiar, o incluso eliminarlos, con tal de que no le llegasen a su enemigo.

Para ilustrar el odio que se profesaban, valga la siguiente anécdota: Una noche que Marsh pernoctaba en Fort Laramie (Wyoming) durante un viaje en el que transportaba una de las colecciones que había conseguido, un intruso entro en la pensión donde se encontraba y registró cuidadosamente las cajas. Después se marchó sin darse cuenta de que un testigo le estaba observando. A la mañana siguiente, el testigo fue a contarle a Marsh el incidente, a lo que este respondió: “Oh, lo había previsto. Ese era Cope. A él le gustan los cráneos, y todos los buenos cráneos que he conseguido esta temporada los he escondido en la estufa”.

Cuando la guerra de los dinosaurios, conocida en el mundo anglosajón como “The Bone Wars”, finalizó debido a la muerte natural de Cope, ambos paleontólogos se habían quedado completamente arruinados y, lo que es peor, a pesar de todas sus contribuciones habían conseguido enmarañar esta rama de la ciencia con conceptos y conclusiones erróneas que generaron confusión durante décadas.

¡Hasta la semana que viene!